~…su sabor~

Me prohibieron maldecir en voz alta.

Fue cuando más fuerza utilicé, quebrando mis cuerdas.

Me dijeron: esto te pasa por maldecir.

Entonces le escribí en un papel, ¿y a ti que te pasará por mentir?

Me llamó irreverente, desquiciada, atrevida.

Le mordí la boca, porque me apetecía gritar…, ya que no podía, que gritara por mi…

El placer era indescriptible, le sangraba la boca, yo con medio labio entre mis dientes saboreando el sabor de su dolor, sonriendo observando como brotaba su sangre a borbotones.

Le escuché decir: —maldita estás poseída.

Luego de sus maldiciones similares a las mías quedamos en un espacio tiempo, donde el juzgarme no le daba cabida para volver a prohibirle a ninguna persona algo…

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