~…posponer el día de muerte~

Arte de: Josué García Cruz

Quisiste seducir mis encantos, tratando de llevarme contigo.

Muerte te hice el amor…

Cae la lluvia, y el torrente de mis pasiones está girando.

No puedes arrebatar mi cuerpo, no es tiempo.

Ven, te vuelvo a besar, si lo anhelas o si te quedan fuerzas…

Te invito a otro vaivén pélvico, con manojos de esencia de Vida.

Gimo placeres, ardores, olor a selva emergen de mis entrañas.

Furiosa desgasto mis dientes en tu cadavérico ser.

Tengo suspiros latiendo de mi intimidad.

Vuelvo a teñirme de rojo, ahuyento la tizna negra que intentas dejar sobre mi cuerpo.

Arte de Josué García Cruz

Anuncios

~…allí solía haber~ (ejercicio de escribir memorias)

El colegio tenía el mismo nombre que la avenida donde estaba ubicado: Colegio de Diego. Recuerdo las pocas veces que salí a la hora del recreo. En una ocasión me golpeó en la cara una bola de baloncesto y caí al suelo con las piernas patas pa’ arriba, enseñando to’… Mis compañeros se burlaban mientras me levantaba aturdida. Yo reía y lloraba. El dolor físico siempre me causa risa. Otro día, en otro intento por ser más sociable, me fui con algunos compañeros a la parte de atrás del colegio, en donde había un tremendo árbol de mango. Allí tenían los juegos para niños. Aunque siempre fui la más grande de la clase, insistí en meterme a una de las casitas de juego para hacernos unas fotos. Todo iba bien, ¡el intento social estaba funcionando! Pero al salir de la casita pisé una cáscara de mango, y zas. Me quedó medio cuerpo adentro y medio cuerpo fuera. Otra vez me pasó lo mismo. Recuerdo reírme a carcajadas por la caída y el dolor.

Son dos recuerdos felices, pero fueron muchos más los que no.

Por eso, no me provoca nostalgia pasar frente al Colegio y ver que desapareció. Por mucho tiempo, el Colegio fue un lugar desagradable. Ahora, al ver que ya no existe, que el edificio fue derrumbado, sé que también la memoria de mi juventud de alguna manera también fue sepultada.

~…danza de mis papilas.~ (ejercicio del recuerdo de un sabor)

Pepitas Negras sobre el anaranjado ocre

las llevo buscando desde mi infancia,

pero no las encuentro.

He tenido que perfumar mi agua

con polvos de colorantes

sabor azucarado que podría

provocar un coma diabético.

Nada parecido a tocar la textura

del fruto fresco.

…y ese olor, embriagante que prepara

mis papilas al gusto de perderme en tu sabrosura.

Amada parcha,

¿dónde puedo encontrarte?

Haciendo de tu enredadera un problema

para los humanos.

Mientras que para mí eras la sensación

amarga que hacía de mi niñez una danza gustativa.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑