•psique•

Cuanto tiempo y lágrimas descontroladas, sin saber que ocurría dentro de la psiquis, presa y obtusa. En el cerebro cortocircuitos, avivan el ardor. Aún está empezando a calmar el fuego de tanta enfermedad. Queda demasiado recorrido y trabajo por hacer. Todo los trastornos que nunca nadie pudo diagnosticar empiezan hacer descubiertos. Me encontrado con buenos profesionales a los que he podido preguntarles si realmente tienen interés en explorar mi cabeza y mi cuerpo. Entregar cada acción equívoca o no, los ayuda a su labor en la investigación, y a mí me ayuda a tener una guía para explorar más y más lo que sucede en este cuerpo. Cada trastorno, cada dolor, cada acción, ha tenido un detonante. Ahora, me esfuerzo con empeño para comprender lo que causa esos detonantes y aflicciones. Este dolor que me corrompió por décadas y enfermo mi cuerpo, le estoy en eterna gratitud pues quedará evidencia para próximas personas con síntomas similares.

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