•sigue•

En sus manos me condena, y yo le bendigo.

Toma su hacha agujerando mi alma, y yo le sonrió.

Cierra su puño nombrándome con odio, y yo le voy queriendo.

Intenta desaparecerme usando a otras personas.

Ellos contra sí solos, porque yo no estoy en guerra.

Se alimentan de mi dolor físico y almico, si les sirve que sigan la fiesta.

Prefiero verles sonreír, saberles bien y queriéndose… que distanciados.

Mis noches y mis días fluyen más tranquilos, sabiendo que justifica, todo con que mi supuesta maldad.

Es sencillo no repasarse, es fácil condenar.

Cuando dijo; adiós incluyó un mundo equívoco en sus palabras aún así las entendí, cuando duele todos lastimamos.

Lo que no pensé fue que el adiós se alargaría, que cada día intentara desaparecerme.

Se cierra con gratitud.

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