~…cambio de médico~

Llegamos a la clínica para el estudio de las “agujas”. Le cargaba los resultados a mi amiga, en lo que ella llenaba su récord médico. Cuando me ve en el último lugar me dice; – vente aquí, me hace un espacio, recibiéndome con el brazo echado. Las doñas en la sala nos observaron y me acurruqué en su cuello, porque tenía sueño, dolor y muchos sentimientos. Mi amiga al ver cómo nos miraban se separó… Cuando le tocó su turno ella preguntó si yo podía pasar con ella… y dijeron es pequeño, pero si quieres… La llamaron por su nombre diciéndole pase con su compañera. Al entrar al ratito llegó el Doctor, no me saludó hasta que me puse de pie, y vio mi dificultad física entonces dice; -…pero usted que queda de ella-, (mirando por encima de sus gafas) … mi pausa -a m i g a- … se escucha a mi amiga desde el fondo de la camilla decir; “amigas desde la infancia” (con la voz más fresa) … mi pausa seguía… ahí como puñal en mi vagina… Él voltea, (vuelve a observarme por encima de sus gafas) …,de arriba a abajo entiendo, que eso le cueste por mi tamaño, y dice; -“o sea que no es su hermana, ni familia. Que cosa…, y las dos con el mismo problema en la misma pierna”. Lo que si deberían hacer las dos…, es ir a la Nutricionista.

Al parecer, compartimos un evidente problemas más que no es el de la espalda, los nervios pinchados…

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~…todo por un cachorro~ (ejercicio de escribir memorias)

Mi madre siempre reunía a todos los jóvenes de la calle en su casa. Con tal de mantenerlos entretenidos y lejos del peligro de las calles, tenía juegos de mesa y a veces hasta se inventaba el juego del mini “show”. También preparaba café, sándwiches y dulces. Mi hermano, que para la época ya era adolescente, disfrutaba también de esas reuniones junto a los vecinos. Él también se zambullía en una de esas piscinas plásticas. Recuerdo que mi padre abrió un hoyo en la tierra y allí metió la piscina, porque decía que éramos unos salvajes y así duraría más. En fin, todos gozaban de estar en casa de Chencho y Chencha o de Gugo y Guga, como le llamaban a mis padres.

Siempre fui distraída, así que me costaba estar en contacto con todos los muchachos de la calle. En cambio, mi hermano tenía mucho carisma. Como era bien enamorao’, las chicas solo se acercaban a mí para que él les hiciera caso. Mi hermano también sacaba provecho de mí. Cuando quería tener más de una novia, me usaba para entrenarlas en lo que él hacía sus travesuras.

En ocasiones salíamos en grupos de vecinos para hacer camping o ir a la playa, algún parque o llegar a casa de mi tía en el campo. Todos los fines de semana era una actividad diferente: participar en el Club 4-H, celebrar una actividad con vecinos y amistades de mis padres o practicar actividades que me aceleraban la adrenalina, como la vez que me subí a las dunas de Isabela en “planchas”. Como mi papá conducía un camión para una compañía, a veces me buscaba a la escuela y nos íbamos para Ponce o para Mayagüez, o algún otro pueblo distante al que llegábamos ya de noche. A él le encantaba comprar pollo de KFC en estos viajes. Por eso, hasta el día de hoy, el olor a pollo frito me recuerda compartir con mi papá.

Cuando nos íbamos al campo allá compartíamos con mis tíos. Titi Sonia siempre tenía una actividad para nosotros, mientras el tío Papo nos tenía una buena dosis de chistes. Mis primos Frank y David siempre nos recibían con mucho cariño. Para aquel tiempo la quebrada no estaba seca como ahora, así que los visitábamos frecuentemente. Todos siempre iban a lanzarse a la quebrada desde el punto más alto. Yo siempre quería, pero me decía que no… Uno de esos días todos estaban saltando a la quebrada mientras gritaban nombres. A pesar de que mi papá me dijo que no me lanzara, de repente salí corriendo y dije: “Juan Ponce de León”. ¡Pum! Caí fuera del agua y me estrellé sobre una roca. Mientras mi papá me regañaba, yo no me atrevía ni a llorar. Sentía más que dolor vergüenza de no haber llegado al agua. Este recuerdo aún me provoca risa.

En el campo teníamos muchas experiencias. También recuerdo que mis primos tenían motoras. Mi hermano se iba con ellos a correrlas, pero, como yo era menor y la única nena, siempre querían que me quedara y mis padres terminaban sin dejarme ir. Otro día también de rebeldía me subí tras ellos en la bicicleta y me caí también. Esa vez terminé encajada en los alambres de púas de la casa. Mi madre gritaba histérica y yo veía salir la sangre por mi costado. Otra vez lo que sentía era vergüenza de no haberlo hecho bien. Así me pasó otras tantas veces. Yo quería sentirme parte de ellos, aunque ninguno quería jugar con las muñecas Barbie. Mi primo Franky era el único que siempre sacaba un poco de tiempo para jugar con “la nena”. Él siempre ha sido una persona cariñosa, aparte era el mayor de todos. Era divertido compartir con ellos, aunque mi hermano me hacía muchas maldades y siempre quería que me quedara en la casa, mientras ellos salían a correr o a jugar al escondite, a la guerra o tira y tápate. En las veces que me dejaban ir con ellos mi hermano siempre me tomaba de rehén. En una ocasión me ató de un árbol. Yo gritaba como una loca porque había una vaca muy cerca y yo tenía miedo de que me fuera hacer algo. Esa vez mi primo Franky, que siempre me salvaba de todas esas maldades, se había tardado en encontrarme. Pero al final mi hermano conseguía que yo viera sus maldades como una diversión y no como algo que fuera para hacerme daño. No me molestaba, porque yo quería ser como ellos.

Esto me llevaba a un recuerdo de un día en el patio de mi casa tras el final de una de nuestras muchas actividades. Yo tenía seis años. Recuerdo que me podía ver en los ojos grandes como dos canicas azul cielo de Tony. Su piel era perfectamente blanca, iluminada también por su pelo oscuro. Tony era un niño muy atrevido, por eso me gustaba mirarlo todo el tiempo, pensando en que yo podía ser tan atrevida como él. Ese día recuerdo que todos se iban a sus casas cuando él me dijo: “Mi perra parió, ¿quieres un perrito?”. Yo le grité que sí emocionada. Entonces, me explicó: “Solo tenemos que besarnos si lo quieres”. Mis ojos estallaron en lágrimas y mi cuerpo temblaba: el nene más lindo de toda la calle quería un beso. Mientras sollozaba de miedo lo escuché preguntarme: “¿Quieres el perro o no? ¡Claro que lo quería! Con todo y lágrimas y miedos de pronto me vi sentada encima de él. Ambos estábamos en el suelo. Lo increíble fue que ese beso no parecía entre dos niños de seis años. Recuerdo que nos tocamos como si ya conociéramos lo que hacíamos. Tony metió su lengua en mi boca; yo, no me eché para atrás. Todo duró hasta que escuché mi nombre en un grito. Las vecinas nos habían visto y se lo dijeron a mi mamá. Ella lo envió para su casa, mientras yo lloraba y lloraba. Mi mamá no encontraba cómo preguntar qué estaba pasando, así que me amenazó con castigarme.

–Nos besábamos, pero yo solo quería un perrito –quise explicarle.

–Pues ningún perrito. Eso está muy mal como lo estaban haciendo –me contestó ella.

Entonces, me ordenó a subir a la casa. Recuerdo que le pedí que no dijera nada sobre eso a nadie más. Nunca vi los perritos de Tony. Ahora me pregunto, si era verdad que su perra había tenido cachorros. Lo que sí puedo decir es que me gustó besarle. Fue una de las pocas veces que sentí que era una niña traviesa, como él, como mi hermano y como mis primos en el campo.

~…allí solía haber~ (ejercicio de escribir memorias)

El colegio tenía el mismo nombre que la avenida donde estaba ubicado: Colegio de Diego. Recuerdo las pocas veces que salí a la hora del recreo. En una ocasión me golpeó en la cara una bola de baloncesto y caí al suelo con las piernas patas pa’ arriba, enseñando to’… Mis compañeros se burlaban mientras me levantaba aturdida. Yo reía y lloraba. El dolor físico siempre me causa risa. Otro día, en otro intento por ser más sociable, me fui con algunos compañeros a la parte de atrás del colegio, en donde había un tremendo árbol de mango. Allí tenían los juegos para niños. Aunque siempre fui la más grande de la clase, insistí en meterme a una de las casitas de juego para hacernos unas fotos. Todo iba bien, ¡el intento social estaba funcionando! Pero al salir de la casita pisé una cáscara de mango, y zas. Me quedó medio cuerpo adentro y medio cuerpo fuera. Otra vez me pasó lo mismo. Recuerdo reírme a carcajadas por la caída y el dolor.

Son dos recuerdos felices, pero fueron muchos más los que no.

Por eso, no me provoca nostalgia pasar frente al Colegio y ver que desapareció. Por mucho tiempo, el Colegio fue un lugar desagradable. Ahora, al ver que ya no existe, que el edificio fue derrumbado, sé que también la memoria de mi juventud de alguna manera también fue sepultada.

~…danza de mis papilas.~ (ejercicio del recuerdo de un sabor)

Pepitas Negras sobre el anaranjado ocre

las llevo buscando desde mi infancia,

pero no las encuentro.

He tenido que perfumar mi agua

con polvos de colorantes

sabor azucarado que podría

provocar un coma diabético.

Nada parecido a tocar la textura

del fruto fresco.

…y ese olor, embriagante que prepara

mis papilas al gusto de perderme en tu sabrosura.

Amada parcha,

¿dónde puedo encontrarte?

Haciendo de tu enredadera un problema

para los humanos.

Mientras que para mí eras la sensación

amarga que hacía de mi niñez una danza gustativa.

~…Escribiendo memorias~ (ejercicio de práctica)

~Carta a mis multitudes~

Me encontré con la niña que fui, la reconocí afligida, distraída en su mundo. Allá donde el desconocimiento y los espíritus de la soledad la rodean. Comprendí el porqué se a islaba en sus fantasías. Esa niña le temía a las personas, pero se adentraba al monte o al mar. Ir a la escuela y congregarse era una tortura de la cual no podía escapar, más allá de sus ríos de lágrimas. En su mente nunca se detenía a pensar algo en concreto el mundo le oprimía. Como si el bosque le contara y le sanará su niña herida. Sus seres queridos trataron de comprender las diferencias de un mundo inusual, al cual no podía explicar. El recuerdo es como si caminara por una casa embrujada donde todo asusta. Sus seres querido empezaron a adentrarse al bosque y a la profundidad del mar, para comprender aquello que le comunicaban, mientras el lenguaje de la niña que fui, era incoherente con el mundo. Todo insistía en que debía despertar. Empezó a relacionarse de manera equivoca, desde el coraje y el dolor. No comprendía nada de su entorno. Había un ogro que le ocasionaba daño físico, su mente daba vueltas en círculos trataba que otros niños la quisieran, si o si… a su forma algo se violentaba al sentir un no.

Ella no podía leer, escribir como los demás, no había recreo. Tenía que esperar al fin de semana, para correr por el monte, y volver hablar con las hadas o esperar ir a la playa a comunicarse con las sirenas. En esos momentos esa niña, era feliz. La hada que le trajo al mundo a veces perdía la paciencia, aunque como todo ser mágico entendía que tenía que intervenir, creando dos realidades para simplificarme el camino. Así que hizo un plan; por las tardes empezó ayudarle a construir historias imaginarias, cuantos que solo quedaban entre ellas… La vida le exigía que tenía que crecer aunque no lograba comprenderlo. Los días pasaban llegó la adolescencia se negaba a mirar a fuera, todo lo que hacía era vaciar su cuerpo en si misma… Buscando que los seres que vivían en su mente fueran reales. Entre la niña, la adolescente y la mujer sigue existiendo similitudes. La necesidad el amor profundo en su ser. Ese que le prometieron los duendes y los seres místicos.

Años más tardes se refugió en la comida, luego en el internet creyendo que la conexión espiritual entre seres interconectaba a las personas. Vivió y vive atrapada entre su cuerpo y su mente. Enfermó sigue mirando por el agujero el mundo externo le sigue doliendo. Quiere encontrar una conexión entre la mente y alma. En busca dentro de esa fantasía a la que ha estado sumergida esperando que los espíritus que intentan protegerla encuentren el camino para que su cuerpo tenga el equilibrio de su propia humanidad. Allí donde la plenitud algún día se reencuentre de una manera más amena con todas las multitudes que he sido y seré. Con la esperanza de encontrar la sabiduría de mis ancestros para tener un viaje como siempre he querido en amor y serenidad. Sigue siendo un mundo oculto y sombrío vagar por ese recuerdo excepto cuando se reunía con lo natural.

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