•Me poseía desde niña•

Mis muñecas colgaban de la pared, junto con los peluches. Crecí en una casa donde se escuchaban chancletas cuando todos dormían, mi habitación no tenía puerta, era muy pequeña por eso las muñecas y peluches estaban colgados de la pared. Desde mi cama se veía el pasillo hasta la entrada de la casa. Siempre veía sombras me acostumbré a no dormir mucho de noche, pues las muñecas, los peluches y los fantasmas se levantaban, todo hacia demasiado ruido. Siempre veía mucho fuego a los pies de mi cama, juro que el demonio desde muy pequeña me poseía. Bajaba mis juguetes me recuerdo haciéndole el amor y también rompiéndolos en pedazos. Veía mutantes de todas formas que se adentraban a mi cuerpo y gemía. No hablaba con las personas, porque me era muy difícil hacerles entender que tan pequeña tenía tanta maldad y deseos metidos en el cuerpo… y una sensiblididad que me acobardaba. Me escondí del mundo… traigo las secuelas de no haber convivido. Pase del mutismo a la rebeldía que tenía que decirlo todo, no sin antes ser varias veces violentada física y emocional. Mi espiritualidad siempre guindaba para el cielo, hasta hace pocos años. Que descubrí que lo que tengo no se cura, no se quita… y que aunque no tengo muñecas, tengo coronas escondidas. Que sigue viniendo la maldad a mi cuerpo, solo que ahora nunca me da placer, si no delirios y mucha incertidumbre. Posee mi psiquis, me hace mucho daño y no se como salir de allí… Creo que nunca se sale de lo que estás designado para el ser.

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~…malditos demonios~

Yo, a mis demonios les puse nombres. Por la conjunción perfecta del verbo, que no faltará sincronía. Porque al llamar~los con nombres propios ellos responden mejor. A Josefina le gusta enroscar~se, y atornillar mi estómago, a David le gusta asfixiar mis pulmones. A Jerónimo le encanta joder mis ovarios, y a Ruth le gusta hacer~me, pólipo en el intestino. A Juan le gusta tirar de mi ombligo, y Isaac se mete como piedra en los riñones. Elisa me tiene las arterias de mi cuerpo obstruidas. Y Jesús me dejo sin oxígeno las neuronas. Magdalena encabronada me condenó a la desdicha, me negó el placer.

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