•tanta repetición•

Empeñada en llevar la contraria…

“Los gordos no valen nada”, ya la estructura física dictaba que iba hacer gigante. No hubo día que por un lado sobre~cargaran los antojos, y por el otro restringieran la comida. Nunca pasó desapercibida donde quiera se escuchaba ¿muchacha que te dan de comer?… Creció batallando con eso, se miraba al espejo, con sus curvas grasientas, pero se sentía sexy… que nadie podía robarle la sensualidad que veía de sí misma. Obsesionada con el deporte extremo, eso si seguía engordando, como parte del reto, de demostrar que los gordos también poseen alma, sentires, belleza… más allá de ser la burla en la comedia, o ese punto de morbo que genera en la sociedad. Ahora, su cuerpo quebrado por sus misma torturas, y con alguien que le dice; “un gordo nunca está bien” y una señora que dice quererle mucho hace unos meses se le acercó con la típica línea que dice: —si tienes una cara linda, mírate en el espejo, desnuda y pregúntate si tú te quieres así—…

Llegó a su casa desvistió, se miró se tocó frente al espejo se estiró los pellejos que tiene por tetas colgando, se apretó la barriga llena de celulitis, que esconden su ombligo, se miró el la pierna izquierda de su pie caído… se odió tanto, al ver que esa pierna también se derrite por falta de musculatura. Para el final, Sentir tanto dolor interior y saber que es cierto. La gente te verá obeso, te verán y dirán que no vales nada y al final te lo terminas creyendo.

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•Descubrir que no aporto•

Cada día el despedirme intento decir lo valioso, pues muchas personas de han ido de este plano sin poder decirles, ni tocarles.

Algo me quedo claro, lo que es para mi… no tiene importancia, por eso mi sentir viajará… porqué igual lo ofrendaré.

Aunque quede colgado en los alambre púas que sobre guardan su hábitat.

Horas llorando y al final la sonrisa revela lo que las palabras no, y cada púa clavada en mi corazón corroídas, me aseguran que muy lento iré muriendo.

Alimento la esperanza de mis adentros, pero al escuchar y ver y sentir… me doy cuenta que soy el espectro antes de dejar de latir.

La fatiga de mi espíritu, se comunica con algo más sagrado o quizás solo es mi imaginación, para sentir que tengo un propósito al acompañar.

He creído toda mi vida en la energía que se aporta a la vida de otras personas, no quiero dudar la única fe, que me ha sostenido en el trayecto.

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