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En cada aliento se ha enredado su nombre.

El pensar es un arte, quien lo posee lo venera.

Transcurren los segundos y uno espera a ver si el sentir cambia.

En el interior se ha vuelto una mercocha de tanta humedad.

Este tiempo discurre muy lento, todo rueda casi detenido.

Se que nada me pertenece, ni tan si quiera estos latidos.

Todo se ha ido en la distancia, con las marejadas de los sentires.

La concentración es nula a menos que el objetivo sea de mi interés.

No hay detalle que pueda dejar pasar por alto hasta el mínimo movimiento de ojos.

El trastorno obsesivo compulsivo, está comiendo mi cuerpo en especial mis órganos vitales.

Es una enfermedad que germinó en mi corazón, y no hay cura, ni encuentro dónde frenarla.

Siento, percibo, veo…

Estoy consciente que no dirijo absoluta~mente nada.

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