~…allí solía haber~ (ejercicio de escribir memorias)

El colegio tenía el mismo nombre que la avenida donde estaba ubicado: Colegio de Diego. Recuerdo las pocas veces que salí a la hora del recreo. En una ocasión me golpeó en la cara una bola de baloncesto y caí al suelo con las piernas patas pa’ arriba, enseñando to’… Mis compañeros se burlaban mientras me levantaba aturdida. Yo reía y lloraba. El dolor físico siempre me causa risa. Otro día, en otro intento por ser más sociable, me fui con algunos compañeros a la parte de atrás del colegio, en donde había un tremendo árbol de mango. Allí tenían los juegos para niños. Aunque siempre fui la más grande de la clase, insistí en meterme a una de las casitas de juego para hacernos unas fotos. Todo iba bien, ¡el intento social estaba funcionando! Pero al salir de la casita pisé una cáscara de mango, y zas. Me quedó medio cuerpo adentro y medio cuerpo fuera. Otra vez me pasó lo mismo. Recuerdo reírme a carcajadas por la caída y el dolor.

Son dos recuerdos felices, pero fueron muchos más los que no.

Por eso, no me provoca nostalgia pasar frente al Colegio y ver que desapareció. Por mucho tiempo, el Colegio fue un lugar desagradable. Ahora, al ver que ya no existe, que el edificio fue derrumbado, sé que también la memoria de mi juventud de alguna manera también fue sepultada.

Anuncios

~…danza de mis papilas.~ (ejercicio del recuerdo de un sabor)

Pepitas Negras sobre el anaranjado ocre

las llevo buscando desde mi infancia,

pero no las encuentro.

He tenido que perfumar mi agua

con polvos de colorantes

sabor azucarado que podría

provocar un coma diabético.

Nada parecido a tocar la textura

del fruto fresco.

…y ese olor, embriagante que prepara

mis papilas al gusto de perderme en tu sabrosura.

Amada parcha,

¿dónde puedo encontrarte?

Haciendo de tu enredadera un problema

para los humanos.

Mientras que para mí eras la sensación

amarga que hacía de mi niñez una danza gustativa.

~…Escribiendo memorias~ (ejercicio de práctica)

~Carta a mis multitudes~

Me encontré con la niña que fui, la reconocí afligida, distraída en su mundo. Allá donde el desconocimiento y los espíritus de la soledad la rodean. Comprendí el porqué se a islaba en sus fantasías. Esa niña le temía a las personas, pero se adentraba al monte o al mar. Ir a la escuela y congregarse era una tortura de la cual no podía escapar, más allá de sus ríos de lágrimas. En su mente nunca se detenía a pensar algo en concreto el mundo le oprimía. Como si el bosque le contara y le sanará su niña herida. Sus seres queridos trataron de comprender las diferencias de un mundo inusual, al cual no podía explicar. El recuerdo es como si caminara por una casa embrujada donde todo asusta. Sus seres querido empezaron a adentrarse al bosque y a la profundidad del mar, para comprender aquello que le comunicaban, mientras el lenguaje de la niña que fui, era incoherente con el mundo. Todo insistía en que debía despertar. Empezó a relacionarse de manera equivoca, desde el coraje y el dolor. No comprendía nada de su entorno. Había un ogro que le ocasionaba daño físico, su mente daba vueltas en círculos trataba que otros niños la quisieran, si o si… a su forma algo se violentaba al sentir un no.

Ella no podía leer, escribir como los demás, no había recreo. Tenía que esperar al fin de semana, para correr por el monte, y volver hablar con las hadas o esperar ir a la playa a comunicarse con las sirenas. En esos momentos esa niña, era feliz. La hada que le trajo al mundo a veces perdía la paciencia, aunque como todo ser mágico entendía que tenía que intervenir, creando dos realidades para simplificarme el camino. Así que hizo un plan; por las tardes empezó ayudarle a construir historias imaginarias, cuantos que solo quedaban entre ellas… La vida le exigía que tenía que crecer aunque no lograba comprenderlo. Los días pasaban llegó la adolescencia se negaba a mirar a fuera, todo lo que hacía era vaciar su cuerpo en si misma… Buscando que los seres que vivían en su mente fueran reales. Entre la niña, la adolescente y la mujer sigue existiendo similitudes. La necesidad el amor profundo en su ser. Ese que le prometieron los duendes y los seres místicos.

Años más tardes se refugió en la comida, luego en el internet creyendo que la conexión espiritual entre seres interconectaba a las personas. Vivió y vive atrapada entre su cuerpo y su mente. Enfermó sigue mirando por el agujero el mundo externo le sigue doliendo. Quiere encontrar una conexión entre la mente y alma. En busca dentro de esa fantasía a la que ha estado sumergida esperando que los espíritus que intentan protegerla encuentren el camino para que su cuerpo tenga el equilibrio de su propia humanidad. Allí donde la plenitud algún día se reencuentre de una manera más amena con todas las multitudes que he sido y seré. Con la esperanza de encontrar la sabiduría de mis ancestros para tener un viaje como siempre he querido en amor y serenidad. Sigue siendo un mundo oculto y sombrío vagar por ese recuerdo excepto cuando se reunía con lo natural.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑